Si eres usuario de nuestro grupo de consumo sabes que “Come bien, come local” es nuestro slogan, nuestro leitmotiv. Hoy os queremos contar un poquito más acerca de lo que significa para nosotros comer bien. Es importante porque toda nuestra actividad en Espai & Seny, incluido el grupo de consumo y los productos que puedes encontrar en él, gira en torno a esta manera de entender la alimentación. 

Primero me gustaría aclarar que en Espai & Seny respetamos todas las opciones, visiones, formas y maneras de alimentarse. Creemos que todos tenemos el derecho y el deber de tomar conciencia de nuestra propia alimentación, y defendemos el derecho a que las plantas, los animales y los humanos nos podamos alimentar con la mejor comida posible, libre de toda clase de agroquímicos, venenos y sustancias que impiden una nutrición saludable. Tanto si somos veganos, “flexi”, tradicionales o si seguimos una dieta “paleo”.

Todos queremos comer bien, ¿no? Comer bien es comer de una forma saludable, y también comer alimentos que nos gusten y nos satisfagan. Hasta ahí seguro que todos estamos de acuerdo.

Pero, ¿qué es lo saludable? Aquí comienzan las complicaciones. Casi todo el mundo con el que hablo sobre alimentación tiene una idea diferente sobre lo que es una dieta saludable, aunque hay algunas ideas que predominan claramente, como que hay que evitar los alimentos de origen animal, que prácticamente se han quedado en la categoría de “vicios irrefrenables del ser humano”.

Aparte de eso, en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que todo esto de comer bien se ha vuelto algo muy complicado. Que hayamos llegado a un punto en el que ni siquiera sepamos lo que hay que comer y lo que no es, como mínimo, sorprendente.

Cuando yo era pequeña había una autoridad competente en este tema a la que nadie se atrevía a replicar: estoy hablando de las abuelas. Ellas sabían muy bien lo que nos convenía comer para estar sanos y fuertes.

En nuestro mundo actual, en el que todo tiene que estar avalado por un experto “debidamente acreditado”, este concepto de la abuela como referente está cuando menos obsoleto, o peor aún, ridiculizado. Pero hoy quiero reivindicarlo porque, si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que han sido las abuelas y las madres, generación tras generación, las que han decidido qué es lo que comía todo el mundo, y gracias a ellas estamos tú y yo hoy aquí.

Porque si se hubieran equivocado tanto como para darnos de comer alimentos inadecuados a nuestras necesidades fisiológicas básicas, sin duda las enfermedades hubieran acabado con la raza humana hace como mínimo cien mil años.

Bien, entonces ya estamos un poco más cerca. Para comer bien hay que comer más como comían nuestras abuelas (o quizá bisabuelas, porque la industrialización de la comida ya hace mucho tiempo que existe). Vamos, una dieta tradicional. ¿Y cómo eran las dietas tradicionales?

Para responder a esta pregunta me voy a apoyar en el trabajo de un dentista canadiense cuya investigación demostró que había una serie de pautas que todas las dietas tradicionales compartían.

doctor Weston A. Price

Estoy hablando del doctor Weston A. Price, que durante los años treinta del siglo XX viajó por todo el mundo estudiando lo que comían en tribus aún desconectadas del circuito de los alimentos industrializados, y su conexión con la salud dental y general.

El momento en el que realizó sus viajes fue una de las últimas oportunidades que tuvo la ciencia para investigar los hábitos de tribus verdaderamente aisladas de toda influencia externa, y por lo tanto el valor de este trabajo es único e incalculable.

El doctor Price encontró una correlación directa entre la ausencia de enfermedades y la ingesta de alimentos tradicionales altos en nutrientes esenciales. Sus análisis revelaron que aquellas tribus ingerían al menos cuatro veces más vitaminas hidrosolubles y minerales, y hasta diez veces más vitaminas liposolubles que los habitantes de las zonas “civilizadas”, que casualmente padecían de caries, deformidades dentales, y muchas enfermedades “modernas”.

Este es el aspecto de las personas que él consideró de disfrutaban de una salud y vitalidad plenas:

come bien, come local

Ni rastro de caries ni dientes torcidos, clara señal según el doctor Weston A. Price de una dieta alta en nutrientes esenciales.

Las vitaminas liposolubles que estos pueblos consumían en abundancia provenían de alimentos de origen animal como la mantequilla, el pescado y el marisco, las vísceras, los huevos y, en general, la grasa animal. Justo los alimentos que los expertos nos dicen que no consumamos por su alto contenido en grasa saturada y colesterol, y justo los que nuestras abuelas se afanaban por escondernos en el plato si es que no nos gustaba el hígado o los sesos.

El trabajo del doctor Weston A. Price fue recopilado por él mismo en un libro que se llama “Nutrition and Physical Degeneration” (Nutrición y degeneración física), y en la actualidad existe una organización internacional, la Fundación Weston A. Price, que se encarga de difundir y ampliar sus investigaciones y su mensaje.

En Espai & Seny nos parece que desde esta organización están haciendo un gran trabajo y por eso somos miembros y representantes de esta en Girona. Pero de eso ya os hablaremos más otro día.

De momento, y para que esta entrada no se haga demasiado larga, lo que queremos es resumir los principales puntos que el doctor Price identificó en la alimentación de todas las tribus aisladas que pudo estudiar:

  1. No contenían alimentos refinados, ni procesados industrialmente, ni aditivos, colorantes o conservantes artificiales.
  2. Todas contenían algún tipo de alimento de origen animal, como pescado o marisco, aves, mamíferos terrestres o marinos, huevos, leche y sus derivados, reptiles o insectos. Se consumía el animal entero (tejido muscular, órganos, huesos y grasa).
  3. Contenían al menos cuatro veces más minerales y vitaminas hidrosolubles y diez veces más vitaminas liposolubles (vitaminas A, D y K2) que la dieta moderna.
  4. Consumían una porción de sus alimentos de origen animal en crudo.
  5. Consumían alimentos con alto contenido en enzimas y bacterias beneficiosas: verduras, frutas, bebidas, lácteos, carnes y condimentos lactofermentados.
  6. Todas las semillas, legumbres, cereales y frutos secos eran remojados, germinados o fermentados de forma natural para neutralizar antinutrientes como los inhibidores de enzimas, los taninos o el ácido fítico.
  7. El contenido total de grasa de las distintas dietas era muy variable (entre el 30 y el 80% de las calorias ingeridas), pero solo el 4% de todas las calorías provenientes de grasa provenían de aceites poliinsaturados, que están presentes de forma natural en cereales, legumbres, frutos secos, pescado, grasas animales y verduras. La mayoría de las calorías provenientes de grasa provenían de ácidos grasos saturados y monoinsaturados.
  8. Las dietas tradicionales contenían cantidades aproximadamente iguales de ácidos grasos esenciales omega 3 y omega 6.
  9. Todas las dietas tradicionales contenían algo de sal.
  10. Todas las culturas tradicionales utilizaban huesos de animales, normalmente preparando caldos de huesos ricos en gelatina.

Visto así puede parecer que estas tribus comían alimentos que nosotros los ciudadanos modernos difícilmente podemos encontrar o preparar, pero ya veréis que no, os lo contaremos poco a poco para que lo vayáis digiriendo 😊.

De hecho, encontrarás muchos de estos alimentos en nuestro grupo de consumo, al que si quieres puedes apuntarte ya mismo. Rellena la solicitud y empieza a comer como comían tus ancestros. Tu abuela se pondrá contenta.

Por último, una cosa muy, muy importante: Estos diez puntos no dicen NADA sobre si hay que comer un alimento en concreto, ni en qué cantidad. Lo único que nos dicen son pautas generales que nosotros debemos adaptar a cada situación particular con los alimentos disponibles en el entorno local.

Porque de nada sirve estar comiendo lo mejor del mundo si:

  • Viene de tan lejos que ha pasado semanas en una cámara y ya no está fresco.
  • Es un alimento kilométrico con una enorme huella de carbono tan grande que contamina, aunque sea certificado eco.
  • Desplaza el capital a otros lugares del mundo (le damos nuestro dinero para comida a una empresa de transporte o a una multinacional del otro lado del mundo, en lugar de dárselo al productor que tenemos cerca).
  • No nos permite conocer al productor. Si realmente quieres saber qué comes y cómo se ha producido, criado o cultivado, ¡hay que conocer al productor!

 

Así que no solo hay que comer BIEN, sino que también hay que comer LOCAL.

¿Alguna pregunta? Déjanos un comentario y muy pronto te responderemos.

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Jun 15 a las 10:00 – 13:30

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